Consecuente con su misión, la Universidad Miguel de Cervantes ha precisado que “sus políticas de admisión no son discriminatorias, más bien inclusivas que excluyentes”, exponiendo como un compromiso de la institución: “educar a todos”, propósito que ha formado parte explícita de su quehacer. La política de no discriminación y de igualdad de oportunidades está dirigida fundamentalmente a las personas que ven reducidas sus posibilidades de seguir una carrera profesional por limitaciones en su formación escolar o precariedad económica, o ambas.

La UMC, por lo tanto, permite el ingreso a todos los egresados de la enseñanza media, jóvenes y adultos, que tengan potencialidades y el firme propósito de incorporarse a la vida universitaria, en pleno conocimiento de las exigencias asociadas a un proceso de aprendizaje de nivel superior, y al posterior ejercicio profesional.

Cada vez está más claro que las pruebas de selección que limitan el acceso a la educación superior basadas fundamentalmente en medición de conocimientos y rendimiento escolar, no predicen necesariamente el éxito académico. En este sentido, un ejemplo de la aceptación de esta realidad es la decisión de las autoridades sobre inscripciones “supernumerarias” a las universidades del Consejo de Rectores, alumnos sin requisitos de ingreso en las carreras correspondientes, excepto su condición de mejores alumnos de colegios municipales o subvencionados, o la bonificación de la PSU a alumnos con buen rendimiento escolar.

En esta misma línea, cabe destacar la decisión anunciada por la Universidad Católica de Chile, de re-estudiar su sistema de selección para complementar la PSU con otras evaluaciones y sistemas de diagnóstico de potencialidades académicas, restando la gravitación actual que tiene la PSU en la decisión de aceptar su alumnado.

El gran desafío para nuestra universidad, que define un grupo objetivo procedente fundamentalmente de la educación municipal o subvencionada, de zonas correspondientes a sectores socio-económicos de los quintiles i, ii y iii, es constituirse en un centro de oportunidades educativas de calidad, que entregue las herramientas para superar las limitaciones iniciales, y que quienes obtengan un título o grado de la UMC, sean profesionales de alto nivel validados en el medio. 

Por lo tanto, la política de admisión de la UMC implica recibir una población estudiantil heterogénea, y por lo tanto, a juicio de las autoridades de la universidad, se debe contar necesariamente con un sistema de acompañamiento académico que aborde esas características y las necesidades de reforzamiento de las habilidades de entrada de su alumnado, que les permita integrarse positivamente a la vida académica y desarrollar las competencias necesarias para su posterior desempeño profesional. Para lo anterior, se requiere de un proceso de acompañamiento académico de los alumnos, que facilite el logro de los objetivos de aprendizaje y el consecuente desarrollo de las competencias necesarias para el posterior desempeño profesional.