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noticias

Visión humanista del Desarrollo Sostenible

Foto noticia humanismo cristiano 1

En la Conferencia de Río de 1992 se vislumbraba que el desarrollo sostenible es uno de los mayores retos que la humanidad afronta.

Las Naciones Unidas como “Familia de Naciones”, desempeña necesariamente un papel clave en la promoción de la cooperación internacional hacia este objetivo.
Estas reuniones preparatorias ofrecen a los Gobiernos y sociedades civiles una oportunidad provechosa de debatir sobre la mejor manera en la que la comunidad internacional puede alcanzar el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza. La delegación de la Santa Sede espera que esta segunda ronda de reuniones preparatorias para la Conferencia Río +20 sobre el Desarrollo Sostenible, tenga éxito, confía en que todas las preocupaciones sean escuchadas y atendidas en el respeto mutuo y espíritu de buena voluntad, y propone su pequeña contribución con este mismo espíritu.
Para la consecución del objetivo de “La economía verde en el contexto de un desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza” (GESDPE), se confía en que no nos olvidemos que el propósito del desarrollo es el desarrollo humano integral y que todas nuestras estrategias y prácticas deberían ser juzgadas en base a esta norma -que los seres humanos son y deben seguir siendo nuestra principal preocupación.
Se necesita la promoción de “un desarrollo humano auténtico” de todas las personas y de persona en su totalidad. Esta visión del desarrollo no está en oposición con el crecimiento económico y el progreso; en vez de esto, es un reconocimiento de que el crecimiento económico, si es conducido por los mercados o los Estados, no necesariamente promoverá un tipo de desarrollo digno de los seres humanos. Promover el desarrollo económico no debería ser a expensas de los pobres y marginados o de las generaciones futuras, que se define a menudo como “compromiso intergeneracional y justicia”. El bienestar de todos, especialmente de aquellos que viven en la penuria del hambre y los que están excluidos de la contribución y beneficio de la vida económica, social y política de sus comunidades, requiere que ambos, mercados y políticas de gobierno, sean dirigidas hacia el mayor objetivo del desarrollo integral humano, basado en el principio de la dignidad humana fundamental de cada persona. Con ellos, está nuestra solemne obligación de permanecer en solidaridad. Debemos trabajar juntos para asegurar que esto se incorpore al objetivo del desarrollo sostenible y al concepto de “economía verde”.
Muchas de las estrategias de desarrollo y políticas que han fracasado en la promoción del desarrollo humano integral en el pasado, lo han hecho porque los seres humanos han sido reducidos a una sombra de su humanidad.
Así como necesitamos mejorar el funcionamiento de los mercados y la efectividad de las políticas de gobierno, debemos trabajar también en promover la solidaridad y la justicia social.
La economía necesita una formación moral objetiva para poder funcionar correctamente -no de una ética cualquiera, sino de una formación moral que se base en las personas (CV45). Una economía basada en una ética centrada en las personas y una moralidad
A su vez los indicadores sociales y medioambientales, que pueden ser importantes herramientas que ayuden a promover un auténtico desarrollo humano, en el momento de realizar estadísticas y falsos objetivos dan la apariencia de progreso pero no reflejan la realidad del verdadero progreso.

NUEVA YORK, jueves 10 de marzo de 2011 (ZENIT.org).-

 


 

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