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Nuestra Inspiración Franciscana

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NUESTRA INSPIRACIÓN FRANCISCANA

Desde muy chico siempre me impresionó la vida de San Francisco, probablemente porque mi mamá me inculcó con mucho cariño la devoción a uno de mis santos patronos.
Cuando tuve la oportunidad de leer un poco más acerca del santo que invocábamos todas las noches, me di cuenta de la profundidad de su legado y sobre todo, de su vida, ejemplo de redención y consecuencia.

El espíritu de Francisco, en su conversión paolina, se transformó radicalmente hasta ser ‘‘reflejo de la gloria de Dios’’ como dijo el cardenal Carlo María Martini.

Su cambio luminoso, en la misericordia profunda y siempre abierta del Señor, lo invitó a rectificar su rumbo hasta ser ‘‘la columna que sostiene nuestra iglesia’’, tal como lo soñó el Papa de entonces,  Inocencio III y lo podemos apreciar aún hoy en los espectaculares frescos del Giotto en la Basílica de Asís.

San Francisco, tal como otros grandes santos, fue una persona que vivió intensamente su época como sus contemporáneos, siguiendo los vaivenes del medioevo italiano, entre la riqueza de los comerciantes y las rivalidades guerreras de las ciudades independientes.

La iglesia en esos tiempos, estaba fuertemente presionada por su accionar ‘‘terreno’’ y la jerarquía eclesiástica y los  Papas, ponían gran atención a su rol de príncipes y gobernantes, dejando a un segundo plano, su papel como pastores.

En ese contexto, numerosos cristianos decidieron separarse de la Iglesia Católica y fundar corrientes heréticas como los cátaros.

San Francisco, consciente de la necesidad de servir a su Iglesia en momentos de extrema dificultad, decidió, junto a sus hermanos en la fe, fundar una nueva orden, basada en la observancia y el testimonio de Cristo en el servicio al prójimo y el desapego a los bienes materiales, con la aprobación y el apoyo de las autoridades eclesiásticas y el beneplácito del Papa.
Cuando visité por primera vez Asís, hace varios años atrás, sentí muy fuerte  la presencia del Santo, fue extraño percibir, entre los cerros y callejuelas medioevales (y sus infaltables negocios…) la respiración de Francisco. En una visita sucesiva, mientras recorría la Basílica, entendí el mensaje del Santo en mi vida, su ejemplo en nuestros tiempos, turbulentos para la iglesia y para los creyentes, pasó a ser la  ‘‘lámpara’’, que ilumina mi camino diario.

¿Por qué una persona con vocación política debe tener a San Francisco como guía?. Vivimos tiempos muy distintos a los que vivió el Santo de Asís, pero nuestra miseria se presenta de la misma forma, en especial en ámbitos tan esenciales para el futuro y el presente del ser humano, como la política.

El servicio, el testimonio y la consecuencia, con determinación y coraje, son algunos de los mensajes franciscanos que hoy tememos dar en la arena política.  Quienes nos decimos humanistas de inspiración cristiana, acomodamos nuestras convicciones, ideas y propuestas a las circunstancias y a la moda, dejándonos llevar por ‘‘mercaderes y encantadores de serpientes’’.

Nuestra propuesta para el país se basa en una experiencia profunda y en una cultura milenaria (para quienes no comparten el don de la fe).

El servicio al prójimo en la actividad política o pública en general, es muy relevante y San Francisco más allá de su actuar diario con los más postergados, nos mostró en su vida la relevancia de cubrir todos los ámbitos. Cuando fue necesario, dialogó con decisión, con obispos, papas, gobernantes e incluso con el califa de Egipto, la política era y es parte del actuar del cristiano y no debe basarse en criterios farisaicos  (yo soy bueno y tú eres  malo), al contrario, fundamentarse en nuestra debilidad y humildad, para perseverar con el testimonio profundo y valiente, que no cae ante las pedradas que llegan de diestra y siniestra, persevera en la consecuencia, a pesar de nuestros errores y caídas y nunca deja de lado el diálogo, como instrumento imprescindible para construir en profundidad una sociedad justa y solidaria y por ende, más cristiana.

Hoy, nuestro Papa, que no por nada se llama Francisco, nos invita  a adentrarnos en la ‘’radicalidad del mensaje cristiano’’ del santo italiano, para caminar, según nuestros talentos y el sendero que escogimos, con la antorcha que nos dejó el ‘’pobrecito de Asís’’, como lo llamaban muchos de sus contemporáneos.

Para terminar, dos frases ‘’esenciales ‘’ que nos dejó San Francisco para nuestra vida diaria:

‘’Comienzo haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible’’
‘’ Comencemos a servir, lo que hemos hecho hasta ahora es poco o nada’’

 

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